
- Priest Feast Londres
Este finde teníamos una cita muy importante, en un lugar que es de lo mejorcito para ver conciertos por eso agarramos la maleta sin pensarlo mucho y nos fuimos al mítico donde los haya Wembley Arena, en Londres, para ver el Priest Fest, con un cartel de lujo: Judas Priest, Megadeth y Testament, todo en el mismo lote. Os contamos qué pasó, para que nos vayamos preparando para lo que se nos viene encima con los próximos conciertos en nuestro país.
El Wembley Arena es un recinto situado al noroeste de Londres, situado a una caminata un poco larga de las estaciones de metro o tren, pero que darse dicho paseíto merece la pena cuando llegas a un precioso recinto, recién remodelado y con capacidad para unas 12.000 personas (según su web). El pabellón está junto al mítico estadio de Fútbol del mismo nombre, famoso por ser el escenario de grandes partidos de la sección inglesa y sobre todo por enormes conciertos. No hay palabras para describir lo bonito que está por fuera de noche, ya que lo han iluminado con luces de colores que van cambiando aleatoriamente. Todo nuevo, todo limpio, todo señalizado, acondicionado (calor cuando se necesita, frio cuando hace calor), con todo tipo de facilidades como merchandising, bebida (con alcohol), comida, etc etc.

Judas Priest
Hay distinción de accesos por el tipo de las entradas y mucha gente de seguridad controlando la situación. Para cada zona del Wembley Arena te ponen una pulsera identificativa, así nos tienen más controlados.
Por cierto, el merchandising está situado en una tienda permanente, con su escaparate correspondiente, nada de cutreces de esas en un mural con las camisetas pilladas con grapas o chinchetas de esas, que tantos agujeritos te dejan en los carísimos artículos.
En la entrada se veía gente haciendo cola, pero nada de gran expectación y mucho menos ambientazo para ver a Judas Priest. Bien es cierto que el sitio es tan grande, que por mucho que se acumule gente, no habrá grandes agobios. Más o menos había unos ¾ largos, de entrada en el Wembley Arena, teniendo en cuenta que habían acotado como una cuarta parte del recinto, nada de Sold-out, aunque el cartel lo merecía, Pero en Londres hay un montón de conciertos y ni los ingleses ni nadie que no sea Paris Hilton puede permitirse la alegría de ir a todos.
Las camisetas nos decepcionaron mucho ya que esperábamos nuevo material o por lo menos algún artículo conmemorativo del día, pero nos dejaron sin ello. Todo era del año pasado, de la gira del “Nostradamus” que son bonitas pero no había nada nuevo bajo el sol. Los precios incluso un pelín más baratos que por aquí ya que costaban unas 20 Libras las camisetas, aquí fijo que no las bajan de 30 eurazos de vellón y si no, ya veremos la semana que viene qué pasa. Como no vimos nada nuevo ni que nos llamara la atención, decidimos ahorrarnos la pasta para el año intenso que se nos viene encima.

Testament
A las 18.30′ comenzaron a tronar los americanos Testament , puntuales, como marcaba la entrada. Empezaron cuando había bastante gente fuera del recinto y otra mucha por llegar. Salieron atronando, con un sonido bastante bueno y muchas ganas de gustar al casi siempre escéptico y por qué no decir frío público inglés, que o se están tirando líquidos impensables en el Donington/Download, o se quedan la mar de parados y no les anima ni Dios. Solo las primeras filas mostraron bastante entusiasmo con los de San Francisco, el resto se limitaba a aplaudir tras cada tema.
Desde que nos ubicamos y resolvimos un problema con la acreditación que teníamos de prensa, pudimos prestar más atención al concierto. Fue un concierto breve, con un telón de fondo de su “The Formation Of Damnation”. Entre otros, tocaron temas clásicos como “Over the Wall”, para delicia de sus fans más antiguos, que los había. Llevaban dos pequeños carteles a ambos lados del escenario con el nombre del grupo y un juego de luces bastante espartano, si lo comparamos con lo que íbamos a ver luego.

Testament
Le dieron toda la caña que pudieron, el sonido fue el peor de la noche, en algunos momentos incluso embarullado. Tocaron a la carrera conscientes que sólo disponían de 40 minutos para su descarga. Chuck Billy estuvo como siempre, muy simpático y campechano intentando que todos participaran del buen Thrash Metal de esta mítica banda californiana. Presentaron su nuevo disco “The Formation of Damnation”, que no fue recibido con mucho entusiasmo, a pesar que es muy bueno y así ha sido reconocido por la crítica.
Estaba acabando su concierto, con “Practice what you preach” como verdadera declaración de intenciones, que arranco los primeros pogos de la noche. Antes de tocar el último tema Chuck, presentó a la banda y después soltó un Heavy Metal forever que fue su despedida. 40 minutos de actuación la verdad es que no da para mucho además el hecho de que no contaran con todo el escenario para ellos acompañado de la austeridad de las luces, hizo que quedara como un aceptable concierto pero que no hacía que te quedaras pasmao ni mucho menos.

Megadeth
Mientras tomábamos unas cervezas, oímos el timbre con el que en el Wembley te anuncian que en unos 15 minutos va a comenzar la otra actuación de la noche, que no era otra que la descarga de los californianos Megadeth. Ya había unos ¾ de entrada y el ambiente ya estaba bastante caldeadito porque estos chicos cuentan con muchos fans en todas partes. Toda la vieja gloria de Inglaterra estaba allí, había chalecos vaqueros dignos de enmarcar, muchos estamos seguros que se han visto unos cuantos Doningtons. Pués a lo que íbamos, a las 19.30′ se puso el gran escenario todo de color azul, pudimos observar el gran telón negro, con un sobrio logotipo del grupo, se oyó un riff de guitarra que ya nos pusieron los pelos de punta y allí apareció el pelirrojo más famoso del Metal, Dave Mustaine and friends.

Megadeth
Hay que decir que los primeros minutos se veía una banda tranquila e incluso apática, pero en un momento determinado les enchufaron ese cable que andaba suelto y pusieron la máquina a funcionar, que concierto. Abrieron su concierto con “Sleepwalker” de su “United Abominations” demostrando que ahora Megadeth parece una banda consolidada, con la incorporación del faboloso guitarrista Chriss Broderick el año pasado y que cada día saben tocar mejor. Eso sí, su actitud era un pelín fría y como distante al principio del concierto, aunque eso el Sr. Mustaine nos tiene bastante acostumbrados, lo mismo era la reacción del público inglés, que difícilmente demuestra sus emociones (eso sí, cuando las demuestran son la mar de efusivos).

Megadeth
Aquello sonaba increíblemente bien, todo nítido, podíamos escuchar perfectamente las dos guitarras, la batería (una máquina), el bajo,…. Qué gusto. No tenían muchas luces, aunque el foco estaba casi permanentemente encima de Dave Mustaine, que es el verdadero Jefe y protagonista de Megadeth. Su música no deja indiferente a nadie, la voz de Dave es de las más particulares de la Música Heavy Metal, te guste o no, no tiene muchas similitudes con otros frontman. Para la edad que tiene se conserva bastante bien fisicamente, sigue cantando con esa voz entre chillona y cortante, pero que tanto mola.

Megadeth
El batería, Shawn Dover, es buenísimo, con una energía y una rapidez impresionante. Eso sí, parecía que tenía una talla “s” de batería y que él necesitaba una XL por lo menos, daba la sensación de que se le había encogido, pero como sonaba. Después del “Sleepwalker” y sin dar un respiro, sonaron los primeros acordes del “Wake Up Dead”, unas de mis canciones favoritas de Megadeth. Todavía seguían como a medio gas, pero el temazo fue interpretado con rabia y gracias al sonido tan bueno que llevaban, nos hizo alucinar. Poco a poco, Megadeth se enchufaron y se fueron creciendo.

Megadeth
A partir de ese momento, Dave y el resto (Chris Broderick, guitarra y James Lomenzo al bajo) se dejaron de frialdades y comenzaron a calentar pero bien al público, joder, que forma de tocar y con qué intensidad. A partir de ese momento todo fueron constantes cambios de posición en el escenario, posturitas, un solo de guitarra acompañado por el batería, que nos puso los pelos de punta y una actitud ya de entrega que hizo que el conciertazo fuera de menos a mucho más, pasando a ser sublime en muchos momentos.
Tocaba parar un poco y Dave Musteine comenzo a cantar un “A Tout Le Monde” casi en acústico, pero se enchufó el resto de la banda, y acabarón el tema de la forma más genial que les he visto hasta el día de hoy. Les quedó genial con gran parte del público coreando el estribillo y muy conforme con lo que estaban viendo y escuchando.

Megadeth
Después y bajo una tonalidad rosa (que la verdad es que no les pega), se oyó un Good evening por parte de un Dave ya más relajado y un poco sonriente (ya sabemos que este hombre no es la alegría de la huerta precisamente). Dio las gracias por venir y comentó lo fantástico que era estar de vuelta en Inglaterra. A continuación volvió a coger su guitarra y otra vez a trashear como sólo ellos saben hacerlo. Qué contundencia, qué rapidez, aquello era tremendo. Mucha carrera por el escenario, movimientos calculados, el foco persiguiendo al Mustaine y un sonido que si al principio era bueno por la mitad del concierto era espectacular. Los duelos guitarreros entre Chris Broderick y el Mustaine fueron impresionantes, cómo sonaba aquello, como flipaba más de uno, fue la caña de España. Espero que en los conciertos de aqui suene la mitad de bien.

Megadeth
Más tarde y cuando estábamos temblones de lo que estábamos viendo y sobre todo escuchando, se puso una luz roja oscura que sólo iluminaba diabólicamente el careto del Mustaine, qué genial, qué efecto más satánico sacaron de la manera más simple, parecía la antesala del Infierno con el recepcionista. Para rematar el efecto visual, sonaron los acordes del “My Darkest Hour” y allí todo el mundo flipaba. Impresionante la nitidez con la que escuchábamos los instrumentos, dentro de lo bloque que es este tipo de música, podías diferenciar todo, batería, bajo, guitarras, … eso es un ingeniero de sonido y lo demás nos callamos. Sólo imaginaros con un sonido impresionante escuchar el “Symphony of Destruction” seguido del “Skin of my teeth” tocado a toda caña y con mucha rabia. Una delicia para los oídos. En este tema se marcaron un duelo los guitarras increíble. Pero lo buenísimo tiene una mala cosa, es que dura poco y nos estábamos acercando al final del conciertazo.

Megadeth
El “Hangar 18″, “Peace Sells” y como bis “Holy War” (con algún ritmo que otro sobre todo en el estribillo un poco cambiado) pusieron el punto y final a una hora peladita de actuación pero tan intensa, tan buena y tan entregada que el 90% del público salió súper contento (ya sabéis que siempre hay gente que no le gusta nada de lo que le hagan). Tocaron una hora justita (tal y como indicaba el reloj que llevaba el grupo en un extremo del escenario), pero tan intensa y tan buena que, claro, ojalá que se hubieran tirado una semana tocando, pero estuvo muy bien; un notable muy alto para este cacho conciertazo. Por si no nos habíamos enterado, Dave se despidió con un “we have been Megadeth” (hemos sido Megadeth), por si no sabíamos quién había conquistado el Wembley. Esperemos y recemos hermanos para que por aquí lleven el mismo set y hagan lo mismo por Dios.
Bueno después de este repaso de Megadeth a las nuevas generaciones, que hasta la fecha no les habían visto u oido, no teníamos más que descansar, relajarnos, que bajasen esos pelos que teníamos como escarpias (como bien decia Kiko Narvaez), para tomarnos una cervecita y esperar que nos deparaban en esta ocasión Rob Halford y sus Judas Priest.

Judas Priest
Llegaron las 21.00′, con puntualidad inglesa, se apagaron las luces, se oyó un clamor de todo el público y todo se volvió de color azul oscuro. Apareció un telón inmenso con la cara del “Nostradamus” en el centro y algunos planetas alrededor de él. Este telón ocupaba gran parte de la parte trasera del escenario que ya era como tocho tocho tocho. La batería estaba situada en la parte más alta del escenario y contaban con dos plataformas a cada uno de los lados. En la parte de debajo de dichas plataformas un cartel con el tridente en rojo y mogollón de focos y altavoces por todas partes.
Cuando todos intentábamos ver qué pasaba por el escenario, apareció una figura espeluznante en la parte izquierda del escenario, majestuoso, tranquilo, sereno, controlando la situación, de lider de manada total, envuelto en una especie de capa de aluminio. La figura en cuestión era un Rob Halford mucho más delgado desde la última vez que le vimos el año pasado y en mucha mejor forma física. Cantando los acordes del “Prophecy” y del “Metal Gods”, parecía el Jefe o el puto amo del cotarro (como dice mi compi Javi). Vestido con una espantosa chaqueta de papel albal y con su calva y gafas de sol, era de lo más espantoso que he visto últimamente, pero sigue siendo el Metal God, a pesar de sus limitaciones en la voz.

Judas Priest
Desde el primer momento, contaron con un sonido impresionante, claro y nítido, si el de Megadeth era bueno, este no sabemos si era incluso mejor. Después del Metal Gods y con todo el mundo moviéndose y disfrutando, arrancaron con el Eat me Alive que invita a Halford a demostrar lo buen cantante que es. Eso sí, ha perdido bastante, es una pena pero él lo arregla cambiando el tono de las canciones y poniendo el micrófono al público para que lo hagan por él. También aprovecha las últimas tecnologías y le suben y le bajan que hay veces que se nota demasiado. Mucho eco de vez en cuando – quizás yo estas partes las eliminaría, si llega bien y si no, joé es el Halford, es el amo, puede hacer lo que sea. Su voz es muy característica pero si queréis escuchar los alaridos que daba antes, eso ha pasado a la historia. Eso sí, está muchísimo mejor de forma y de voz que en la gira 2008.

Judas Priest
Sólo puedo decir que lo que estábamos viendo era un espectáculo grandioso y espectacular. Un escenario grande, muy bonito, cambiando los telones del fondo casi cada tres canciones, un juego de luces impresionantes muy bien coordinadas con cada acorde y un buen hacer de los músicos, que hacían que todos los allí presentes estuviéramos con la boca abierta. Había más de una que no le hacía nada el Heavy Metal y que flipaban también, eso demuestra lo guapo del espectáculo. Es verdad, que la voz de Halford no es la que era, su actividad en el escenario no es el que era, pero hay que coger pan y mojar y quitarse el sombrero ante estos pedazo de músicos y su forma de hacer Heavy Metal.

Judas Priest
Después de la presentación de Halford diciendo Hola, los Judas Priest están de vuelta, cuántos maniacos del Heavy Metal hay aquí hoy? y de que todos le contestáramos la mar de contentos, tocaron el “Eat me alive” con unas guitarras dobladas, por parte de KK Downing y Glenn Tipton que eran una delicia y el corrimiento musical para los amantes del Heavy Metal. Halford se movía con mucha más soltura que en el Sweden del año pasado (que estaba un poco fondon, por ser generosos) y en el Graspop demostrando que es el Rey del cotarro y que tenía todo controlado. Ian Holmes como siempre, en su sitio clavado, acostumbrado estaba como más simpático y expresivo que de costumbre, su bajo sonaba increíblemente nítido dentro del bloque guitarrero de sus dos compañeros que simplemente se salieron por los bordes. Yo noté que le daban más protagonismo a KK Downing; cómo tocó, impresionante. Todo en conjunto era un bloque compacto de hacer caña y tralla y música y maravilla gloriosa.

Judas Priest
El batería, Scott Travis es una máquina, qué efectividad, una rapidez increíble acompañado asimismo de todo un show, lanzando las baquetas arriba, cogiéndolas, soltándolas, todo en plan espectáculo de los 80 sin perder un ápice de calidad. Tuvo un pequeño problemilla con uno de sus platillos pero en un segundo salió un roadie y aquí no ha pasado nada.
Nuestra amiga y colaboradora Olga se estuvo fijando en el detalle de que todo el concierto giraba en torno a Rob Halford, él era el centro de todo y era cierto. El tío lo tiene súper estudiado, todo está controlado y planificado. Cuando salía el telón del Nostradamus que tiene al barbudo rodeándole el sistema solar, Halford procuraba ponerse en el centro, iluminado por un potente foco, para que todos los planetas del telón dieran la sensación de que giraban en torno a él. Un puntazo. Se abrió el escenario y le pusieron un trono (lo que le faltaba) y ahí ya si que era el Rey. Le sobran esos movimientos robóticos tan ridículos, pero ya abuso menos de ellos que durante los conciertos del año pasado.

Judas Priest
El concierto continuó con un set list de lo más variado, pero también de lo más clásico, ya que la sorpresa más agradable para mí fue que se marcaran el “Sinner” (un pelín cambiado, eso sí) y el “Green Manalishi”, sonó igual, igualito que en el “Unleashed from the East”. Qué barbaridad, qué dos temazos, vale que la voz no son los mismos alaridos de antes, pero es que más de 30 años pesan en todos. Rob no paraba de agradecer el apoyo y la lealtad de los fans y que estaban conmemorando los 35 años de carrera súper exitosa y es que viendo espectáculos así, no me extraña que hayan durado tanto, otros grupos a los pocos meses ya están acabados (y no digo nombres, porque luego se enfadan conmigo los susceptibles de detalles imperceptibles). Hubo solos también por parte de Glen y de KK, este con más protagonismo repito que su compañero, cogió la Flying V y cuando la alzaba sacándole notas maravillosas hacía que la peña no paraba de babear tanto en inglés como en español, santo Dios, qué pasada. Hubo también un pequeño solo de batería como los de antes y muchas manos aplaudiéndolo. Muchos aplausos también para el “Painkiller”, que yo creía ya que Halford no se atrevería a tocarlo en directo pero me equivoqué, claro está que los tonos ahora son más graves pero sigue siendo un tema increíble muy adelantado a su tiempo. Muy grande.
Momento culminante del conciertazo fue cuando se puso todo oscuro y se escuchó el atronador ruido del motor de la Harley Davidson, que es a los Judas como el Eddie a los Maiden. Se abre el escenario por la parte del centro (otra vez Rob en el punto “g”) y sale él montado en esa preciosidad para delirio de todos, brrrroom, brrooom – con su cara de estar por encima de todos y de todo, se marcó un “Hell bent for Leather” impresionante con todo el mundo dando palmas y coreando el estribillo.
Hubo momento patriota cuando salió con una bandera inglesa (que no del Reino Unido) en plan Dickinson moviéndola de un lado para otro y no contento con una, se volvió a meter en el back stage y sacó otra poniéndolas a los lados superiores del escenario y haciendo que le siguiéramos con el ooooo uooooo uoooo yeahh de rigor para luego unir dichos cánticos metaleros al “You got another thing coming” en el cual KK se marcó un solazo guapo mazo (toma ya poema malo), eso sí creo que abusó un poco de los echoes en este tema.
Después de esto ya no había más aunque si fuera por nosotros, hubieran estado tocando hasta que el príncipe Carlos herede el trono inglés aunque el trono del Metal lo tienen estos y los Maiden.
Un festival de los que merece la pena gastarte un pastón porque reciben mucho más de lo que has pagado.